Lo que no te mata, (gradualmente) te hace más débil.


Friedrich Nietzsche, el filósofo alemán, famosamente dijo: “Lo que no te mata, te hace más fuerte.”

Quizás por desgracia, esa idea se encuentra más allá de la vida de Nietzsche. Lo cual es irónico, por que fué más bien corta y miserable, pero que sigue resonando en la cultura occidental. Una de las razones es que el sufrimiento, como famosamente reconoció Sigmund Freud, es una parte inevitable de la vida. En consecuencia, nosotros como humanos desarrollamos numerosas formas de aliviar o reducir el impacto del dolor emocional, como por ejemplo dándole al sufrimiento poderes de “transformación positiva” de uno mismo, creer en la vida después de la muerte (algo que Freud desaprovaba) o, como otra más, la cocaína, que fué por un tiempo “la salida fácil”.

Otra razón es que la cultura occidental, que nació en el trauma y fué educada con frases espranzadoras como “yo puedo”, quiere creer la misma idea de Nietzsche, dándola por autoconfirmada. Una vez que se adquiere una cierta creencia tendemos a ver, recordar e informar instancias y eventos que la apoyan. Esto se denomina sesgo de confirmación.

Uno de los motivos por el cual se cree que el trauma emocional es transformador y -beneficioso- es que vemos variantes de este proceso alrededor de nosotros. Las bacterias, por ejemplo, que no son totalmente aniquiladas por algún antibiótico mutan y se vuelven resistente al mismo, así como las personas que se incursionan en algun entrenamiento riguroso, mejoran su rendimiento. Pero los seres humanos no somos como las bacterias, y los entrenamientos rigurosos generalmente no se consideran hechos traumatizantes.

Prosperan en la adversidad.

Prosperan en la adversidad.

Ahora bien es cierto que, evolucionalmente hablando, aquellos que superan una calamidad son por definición los más adaptados, pero la calamidad en sí no es lo que los hizo ser los más adaptados. Para nuestro razonamiento, el ver a los fuertes emerger de los eventos adversos nos hace creer que son fuertes por que esos mismos efectos adversos los hicieron así.

Nuestro cerebro es una maquina de dar lógica, diseñado para categorizar gran cantidad de información muy variada proveniente de los sentidos, para luego darle coherencia: -Primero pasó esto, dió lugar a esto otro, que terminó por acabar así.- Cada vez que percibimos que ocurren dos cosas juntas asumimos que están correlacionadas los que nos hace unir y extrapolar los hechos reafirmando nuestra mecánica de causa-efecto.

Esta tendencia de inferir una causalidad a partir de co-ocurrencias no es una propiedad unicamente humana. En estudios con palomas enjauladas, se les daba la comida en intervalos aleatorios no relacionados con su comportamiento pero sin embargo se observó que las palomas repetían el mismo comportamiento que tenían justo antes de que les llegase la comida, esperando, que se les alimentara otra vez. Esto indica en cierta forma, que las palomas se volvieron supersticiosas.

Y así es con nosotros. Muchas de las creencias de una persona están basadas en este error. Algunas son triviales, como el usar un jersey de la suerte pero otras son más importantes y serias. El hecho de que el comportamiento paternal educacional co-ocurra con el desarrollo los mismos hijos, hace creer a los padres que sus comportamientos moldean la personalidad de sus hijos. Las investigaciones demuestran que en realidad, no lo hacen. De hecho, habitualmente pasa lo cotrario, niños de fácil temperamento hace sentir competentes a los padres. Buenos hijos originan buenos padres.

No prosperan en la adversidad.

Nuestro anhelo de hacer más soportable el sufrimiento racionalizándolo, además de nuestra tendencia de buscar información que soporte nuestras creencias explican como se forman nuestras perspectivas en la vida.

Enorme investigación psicológica sobre el tema, muestra que por regla general, si te consideras fuerte después de las dificultades, seguramente no lo seas a causa de esas dificultades. La vida no hace mas que presionarnos, fastidiarnos y hacernos sentir mal y al contrario de los nietzschenianos y de la sabiduría popular, el ser humano no es más fuerte en ambientes duros. En efecto, lo que no te mata, te hace más débil.

Más investigaciones aún, demuestran que los infantes que tuvieron alguna vivencia traumatizante son más propensos a sufrir eventos traumatizantes otra vez. Los ñiños que crecen en lugares violentos se vuelven más vulnerables, no más fuertes, dando lugar a una menor capacidad de luchar en el mundo. Y en adultos generalmente es igual. Por ejemplo, en un estudio reciente, a un grupo de adultos se les pidió que observaran imágenes de caras tanto agresivas como calmadas mientras se les tomaban imágenes por resonancia magnética a la amígdala, que es la parte principal del cerebro que forma y guarda los recuerdos emocionales. La mitad de los sujetos habían estado a  milla y media de los atentados del 11 de Septiembre y la otra a mínimo, 200 millas de los atentados. Se observó que los que habían estado a milla y media tuvieron una actividad de la amigdala significativamente incrementada cuando veían caras agresivas que aquellos que habían estado a 200 millas. “Nuestra investigación sugiere que existen correlaciones neurobiológicas de las experiencias traumáticas incluso en personas que parecen resistentes.” – Dra Barbara Ganzel, lider de proyecto. “Desde hace mucho se ha sabido que eventos traumáticos conllevan a una vulnerabilidad emocional a desordenes mentales años después del trauma. Esta investigación nos dá más pistas de la biología detrás de esa vulnerabilidad.” Cuando un sufrimiento emocional deja marca, queda bajo la piel.

Años atrás durante mi servicio de la armada en Israel, formé parte de un entrenamiento anti terrorista que involucraba a la unidad K9. Le pregunté al comandante dónde habían encontrado esos perros tan agresivos. Mucha gente cree, dijo, que los perros de la calle son mejores perros anti terroristas al sobrevivir a ese mundo cruel. Pero la verdad es que es justamente al revés. Los perros de la calle son inútiles para esta y otras tareas por que son impredecibles y de dificil amaestramiento. En cambio, los perros que han sido cuidados y amados durante su vida, son los mejores candidatos a perros anti terroristas.

Y esto es igual en humanos también.

Violencia y caos no preparan más para lidiar con el terror de este mundo. Amor y cuidado sí lo hacen, por que nutren y perfeccionan la capacidad de amar y por lo tanto de adaptarse.

Incluyendo, el aprender a luchar y sobreponerse a nuevas adversidades.

Traducción por L. H. Montana de http://www.psychologytoday.com/blog/insight-therapy/201008/what-doesnt-kill-you-makes-you-weaker.

1 Response to “Lo que no te mata, (gradualmente) te hace más débil.”


  1. 1 John septiembre 12, 2011 a las 4:23 pm

    Más investigaciones aún, demuestran que los infantes que tuvieron alguna vivencia traumatizante son más propensos a sufrir eventos traumatizantes otra vez. Los ñiños que crecen en lugares violentos se vuelven más vulnerables, no más fuertes, dando lugar a una menor capacidad de luchar en el mundo. Y en adultos generalmente es igual. Por ejemplo, en un estudio reciente, a un grupo de adultos se les pidió que observaran imágenes de caras tanto agresivas como calmadas mientras se les tomaban imágenes por resonancia magnética a la amígdala, que es la parte principal del cerebro que forma y guarda los recuerdos emocionales. La mitad de los sujetos habían estado a  milla y media de los atentados del 11 de Septiembre y la otra a mínimo, 200 millas de los atentados. Se observó que los que habían estado a milla y media tuvieron una actividad de la amigdala significativamente incrementada cuando veían caras agresivas que aquellos que habían estado a 200 millas. “Nuestra investigación sugiere que existen correlaciones neurobiológicas de las experiencias traumáticas incluso en personas que parecen resistentes.” – Dra Barbara Ganzel, lider de proyecto. “Desde hace mucho se ha sabido que eventos traumáticos conllevan a una vulnerabilidad emocional a desordenes mentales años después del trauma. Esta investigación nos dá más pistas de la biología detrás de esa vulnerabilidad.” Cuando un sufrimiento emocional deja marca, queda bajo la piel.
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